La literatura puede ser una buena terapia personal, una especie de psicoanáliis porque no se paga al psicoanalista
Max Frisch
Wuao parece mentira que haya pasado tanto tiempo sin sentarme a escribir un artículo, admiro a todos los que escriben artículos todas las semanas, su capacidad de reflexión y discernimiento es impresionante, muchas de las personas que acostumbraban a leer mis artículos me preguntaban porque lo había dejado de hacer y empecé a reflexionar, mi respuesta es ¡tenía que pagar el precio! El precio de poder investigar, estudiar y hacer más profunda mi visión crítica de lo que nos sucede y a lo que llamamos realidad.

La tormenta de cosas por hacer en el día a día, nos hace vivir ocupado, dejándonos poco tiempo para reflexionar, sobre lo que somos y estamos haciendo, por eso decidí tomarme un año sabático, el cual ya termino, pero que me lo disfrute, porque me llene de libros que quería comprar y leer, viaje donde quise y cuando quise, cultive nuevas amistades, me reencontré con un mundo de posibilidades al cual estaba cerrado, aprendí el valor de ver mis hijos caminar y entrar al colegio, reconocí el valor de esos amigos que aunque no están cerca siempre están unidos por ese hilo invisible llamado amistad y que mucha gente llama destino. En este año también hubo mucha gente que desapareció sola, quizás porque su labor de enseñarme ya termino.
Hoy cuando escucho a mucha gente sentada en la piedra de los lamentos, por situaciones o personas, les digo que es lo mejor que les está pasando, me miran con cara de asombro y escépticos a mis palabras, mi pregunta inmediata es ¿mira que otras posibilidades tienes de crear una vida en conciencia, diseñada y alineada con lo que deseas, vivir? También es cierto que muchos decidieron pagar el precio de estar en el mismo sitio quejándose y sufriendo pero no moviéndose, otros como yo decidimos pagar el precio de: atrevernos a vivir en nuestra pasión aunque nos critiquen por ser diferentes, pagar el precio de probar cosas nuevas, de cambiar creencias, de mirar la pared blanca en vez de los puntos negros, de buscar alinearnos a la disciplina como ingrediente para alcanzar lo que buscamos, pagar el precio de bajar la cabeza y darme cuenta que por mucho que estudie mi papá y mi mamá siempre sabrán más que yo, porque ellos son los grandes y yo el pequeño, pagar el precio de sacar mi niño interior para jugar un partido de fútbol con mi hijos o de jugar carritos en la calle. Ahora te Pregunto ¿estás dispuesto a pagar el precio de moverte hacia dónde quieres?
Hoy en gran medida busco bajarle volumen a mi ego, abrir espacios donde la amistad, el ser y la humanidad sean los momentos donde me divierto, decidí aprender a decir no a muchas cosas y a darme cuenta que la vida te pagará el precio que tú le pidas.
Ismael Mercado
Deja un comentario