No le estoy preguntando si tiene problemas con su jefe. Le estoy preguntando por la pregunta que no se atreve a formular mientras mira el techo a las 3 de la mañana: ¿Está usted malgastando su única oportunidad de vivir?
Esa es la navaja con la que el filósofo Albert Camus, padre del Absurdismo, disecó la existencia. ¿Duele? Claro que duele. Duele saber que, según los datos, la inmensa mayoría de las personas gastan una energía tremenda simplemente para ser normales (A. Camus).
Se despierta. Trabaja. Consume. Espera el viernes. Repite.
Usted, mi querido lector, se ha acostumbrado a vivir antes de siquiera atreverse a pensar. Se mueve en piloto automático, dejando que el silencio repetitivo de la rutina se coma sus ganas, sus esperanzas, sus sueños. Y lo peor, ha cambiado su meta por una expectativa—una historia barata que se inventó en su cabeza sobre cómo debería ser la vida—que, cuando se estrella contra la realidad, solo deja rabia, frustración y un vacío hirviente.
Ese vacío es el Absurdo. Y ante él, Camus dice que solo tenemos tres opciones: dos son trampas.
Las trampas del Absurdo
El Absurdo es el divorcio entre nuestro deseo desesperado de encontrar un significado y el silencio frío e irracional del universo. Y cuando se enfrenta a esa verdad, la humanidad reacciona de tres maneras:
TRAMPA 1: El Suicidio (La Rendición Emocional)
El primer camino es la renuncia. No hablo solo de la muerte física, sino de ese suicidio emocional que usted comete cada vez que se convence de que «ya no puede más», de que «ya está viejo» o de que «no tiene las competencias». Es entregarse a ese vacío incómodo y amargo que le susurra al oído que no vale la pena luchar.
Es, en términos de Camus, una cobardía. Es confesar que la vida le superó. ¿Para esto ha luchado? ¿Para claudicar antes de que la batalla termine?
TRAMPA 2: La Fuga (El Salto de Fe/La Mentira Cómoda)
La segunda trampa es el Salto de Fe. Es esa necesidad neurótica de buscar una respuesta absoluta, de refugiarse en cualquier cosa—una doctrina, un mesías, la victimización histórica, o un título universitario—que le evite tomar el control de su propia existencia.
Usted se fuga cuando culpa a su historia familiar, a su pareja, a la economía o al destino. Usted se da a la fuga cuando busca respuestas en el universo en lugar de buscarlas en el espejo. Se trata de buscar la esperanza cuando no hay certeza, y eso, para el hombre absurdo, es un acto deshonesto. Es cerrar los ojos y gritar: «Yo creo en algo, aunque ese algo me niegue la verdad.»
Usted no necesita perdonar al mundo, ni a su pasado. Necesita perdonarse a sí mismo por haber buscado en los lugares equivocados.
El Grito de Sísifo
Si el suicidio es rendición y la fuga es mentira, queda una sola ruta para el hombre libre: LA REBELDÍA.
Este es el tercer principio de Camus, y la única verdad que le dejará dormir tranquilo: aceptar el absurdo y vivir con pasión y dignidad A PESAR DE TODO.
Camus lo explicó con el mito de Sísifo, el rey condenado a empujar una roca pesada por una montaña, solo para verla caer y repetir el castigo por la eternidad.
La gente ve un castigo. Camus vio un espejo.
Nuestras vidas son Sísifo. Subimos, trabajamos, lloramos, reímos, ejecutamos… y la roca siempre cae. Pero la libertad y la pasión no nacen cuando la roca es ligera o el destino cambia. Nacen en el momento en que Sísifo, en su descenso, se da cuenta de algo trascendental: Ese destino le pertenece. Su roca es suya.
La clarividencia que debía ser su tormento se convierte en su victoria. Del Absurdo, el hombre obtiene tres consecuencias invencibles:
- MI REBELDÍA: El hombre que dice NO a la resignación.
- MI LIBERTAD: La conciencia de que cada acto es una elección sin garantía.
- MI PASIÓN: El consumo total del presente, porque no hay «mañana» divino que espere.
¡Hay que imaginarse a Sísifo feliz! No porque se salve, sino porque ELIGE ser dueño de su tormento. No pregunta: “¿Cómo me salvo de que algo malo me pase?” Pregunta: “¿Cómo me preparo para afrontar LO QUE ME ESTÁ PASANDO ahora mismo?”
El esfuerzo mismo para llegar a la cima basta para llenar un corazón de hombre.
La filosofía absurda no es desesperanza; es la invitación más radical que jamás recibirá para CREAR SU PROPIO SENTIDO.
La verdadera generosidad, en relación con el futuro, consiste en dárselo todo al presente (A. Camus). Deje de esperar un para qué universal. No hay un manual. Hay una hoja en blanco y 24 horas.
Aquí está su plan de acción:
- REBÉLESE: Deje de comparar su vida con la vitrina de otros en redes sociales. El mundo no le debe nada, pero usted sí se debe la vida a sí mismo.
- VIVA CON LIBERTAD: Lea, estudie, viaje, emprenda, enamórese. Haga nuevas amistades y rodéese de gente que sea más inteligente que usted. Busque la experiencia, no la excusa.
- ENCIENDA SU PASIÓN: Enamórese de las cosas pequeñas: un café, un despertar, una conversación, un buen tabaco cubano. Aquello que damos por normal es el verdadero milagro.
Baile con la vida tal cual es. En la incertidumbre, pero con la certeza de que su voluntad es lo único que importa. El Absurdo no nos invita a buscar un sentido, nos invita a CREARLO.
Sea absurdo. Sea valiente. Sea el dueño de la roca. Hoy. Ahora.
Ismael Mercado
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