Empieza por ti. Porque si hoy no te gusta tu vida, seguir mirando hacia afuera es la forma más cómoda —y peligrosa— de no cambiar nada.
Con el tiempo he aprendido una verdad que incomoda: gran parte de lo que vivimos no es casualidad, es consecuencia. Algunas cosas las repetimos de forma inconsciente, otras llegan para enseñarnos desde el dolor o desde la acción, y muchas nacen de la irresponsabilidad de buscar siempre culpables. Cuando todo es culpa de otros, tú quedas libre… pero también inmóvil.
Si no quieres creer nada de esto, haz un ejercicio simple: observa la vida que tienes. ¿Te gusta? ¿La elegiste conscientemente? ¿O decidiste quedarte ahí porque era más cómodo no moverte? Ojo: si lo elegiste, está bien. Pero entonces no te quejes. Cada persona escoge la cárcel en la que decide vivir.
El tiempo avanza sin pedir permiso. La vida pasa mientras dudas. Y en el camino, las redes sociales nos muestran versiones editadas de personas que admiramos y con las que nos comparamos, olvidando algo básico: las redes lo aguantan todo; la vida real no.
La vida es el resultado acumulado de decisiones pequeñas, de acciones constantes y también de todo aquello que postergas. Cuando no somos felices, cuando estamos incómodos o insatisfechos, nos volvemos expertos en criticar a quien vive diferente. Criticar calma el ego, pero no transforma la realidad. La verdadera riqueza está en observar lo distinto, ampliar la perspectiva y preguntarte con honestidad: ¿qué puedo hacer mejor?, ¿qué debo cambiar?, ¿qué ya no quiero sostener?
Hace poco volví a leer Thrive de Arianna Huffington, donde habla de cuatro dimensiones que van más allá del dinero, la fama y el poder. Sí, todos los queremos. Ayudan. Pero no sostienen una vida vacía.
- Capacidad de asombro. Vivimos tan anestesiados por la prisa que olvidamos que el simple hecho de respirar es un milagro. Este diciembre dos de mis vecinas jóvenes, queridas, conocidas y sanas murieron de forma repentina. Eso te recuerda que sentarte a la mesa con quienes amas no es rutina, es un regalo.
- Sabiduría. No es discurso bonito. Es aprender de lo bueno y de lo incómodo. Dejar el drama, salir del personaje y mirarte desde afuera. Sabiduría es experiencia aplicada con resultados. Perdón, pero no me hables de sabiduría si tu vida es un caos permanente.
- Estar bien. Conozco personas exitosas por fuera y vacías por dentro. Sin metas, sin propósito, viviendo de victorias pasadas. Estar bien contigo mismo, con foco y aspiraciones, devuelve sentido y reduce el drama.
- Dar. Dar no es lo que te sobra. Es demostrarte que eres tan próspero que puedes compartir sin perder. A veces una conversación, una guía o tu ejemplo cambian más de lo que imaginas.
La vida se juega todos los días con decisiones, incluso con miedo. Este fin de año haz tu lista de victorias, tu lista de aprendizajes y elimina lo que ya no quieres cargar. No es fácil. Es necesario. Si quieres otro nivel, empieza por ti. Si no, seguirás construyendo el museo de sueños que nunca cumpliste. Feliz año.
Ismael Mercado
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