No importa quién caiga ni quién gobierne después.
Si la cultura sigue rota y la educación ausente, el desastre siempre vuelve… con otro nombre.
En los últimos días se han producido movimientos externos que pueden alterar el tablero geopolítico de poder en América y en el mundo. Quiebres posibles. Figuras que podrían desaparecer del juego.
Y frente a eso, la reacción no es celebración. Es silencio. Duda. Protesta contenida. Y un miedo profundo que casi nadie se atreve a nombrar.
Eso no es apatía. Es trauma colectivo.
Un pueblo que ha sido engañado demasiadas veces ya no cree en giros rápidos ni en salvadores importados.
Aquí va la verdad que te incomoda si solo que trabajas, paga cuentas y sientes que “nada depende de ti”:
👉 Ningún cambio político arregla una sociedad culturalmente rota.
Latinoamérica está llena de ejemplos. Caen líderes, cambian banderas, se reescriben discursos…
pero la mentalidad sigue igual:
- Dependencia en vez de responsabilidad
- Supervivencia en vez de ciudadanía
- Silencio cómodo en vez de participación incómoda
Mira Cuba: décadas de control no solo vaciaron supermercados, también vaciaron iniciativa, criterio y coraje cívico.
Eso no se arregla con elecciones ni con nuevos decretos. Se arregla con educación, carácter y conciencia.
Desde la psicología social esto tiene nombre: externalización de la responsabilidad.
Cuando todo es culpa del gobernante, el ciudadano se infantiliza.
Y sociedades infantilizadas siempre terminan pidiendo un “padre fuerte”… aunque las maltrate.
Los grandes referentes morales lo sabían:
- Jesús entendió que responder poder con violencia solo cambia de amo.
- Buda fue claro: sin vencer la ignorancia, no hay liberación real.
- Renny Ottolina: Sólo aprendiendo y trabajando podremos salir de abajo porque (…) no conozco otra manera»
La verdadera reconstrucción no es política.
Es ética.
Es aprender a respetar la ley aunque no te vigilen.
A educar a tus hijos aunque el sistema falle.
A dejar de esperar que “otros arreglen el país”.
Si eres un hombre de a pie, este mensaje es para ti:
Tu aporte sí importa.
Más que el nombre del presidente.
Más que el color del partido.
Cada vez que eliges formarte, cuestionar, educar, exigir sin violencia y actuar con carácter, estás haciendo política real.
La que no sale en televisión, pero sostiene sociedades.
No necesitamos más ruido, ni mártires, ni nuevos salvadores.
Necesitamos ciudadanos adultos.
Empieza por ti.
Porque cuando la conciencia colectiva se eleva, ningún tirano sobrevive mucho tiempo.
Ismael Mercado
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