«Tengo cien mil infiernos dentro de mí, Y aun así, cada día me levanto dispuesto a combatirlos»
Hace días dos de mis colaboradoras, no fueron a trabajar y su razón era que le dolía mucho la cabeza y eso le impedía ir a cumplir sus labores, lo entendí, pero me hice la pregunta ¿Qué pasaría si todas las veces que me angustio no saliera a trabajar?… Como empresario, con empleados que tienen familia, compromisos familiares, financieros y de carácter social, asumimos el compromiso de levantar y mantener nuestros negocios, más allá de sobrevivir es sobrevivir creativamente.
Sumándome al compromiso de continuar pa lante, con determinación, foco y mirando el bosque por encima de los árboles, para lograr encontrar la olla de monedas al final del arcoíris. Esta una realidad que pocos ven y que se mantiene en silencio, pero que encaramos a diario y son esos demonios que llevamos en nuestra cabeza y que nos ponen dudar en ciertas ocasiones: el miedo al fracaso, la duda ante tantas cosas, la incertidumbre, la presión diaria, los compromisos, el miedo a empezar de cero, la arrogancia, la ignorancia, el qué dirán, la ira, la frustración la falsa humildad, y el contrastes de situaciones por las que pasamos y que esta pandemia ha acelerado, sacando lo mejor y peor de muchos.
Guardamos los demonios y nos da pena mostrarlos, ya que nuestra sociedad condena, aquel que tiene el valor de exponerlos y pedir ayuda. En mi país muy pocas personas buscan ayuda profesional de algún tipo, pero si le escriben a influencers exponiendo sus problemas para que estos le den las respuestas.
Después de muchos años, experiencias y algunos fracasos, he aprendido a manejar mis demonios, aunque algunos a veces me gobiernan.
Tenemos la ilusión de que podemos controlar todo, la ignorancia es atrevida, y en consecuencia, ordenamos nuestras vidas en una serie de hábitos y costumbre, suponiendo que todo se mantendrá igual, cuando los demonios de nuestra cabeza, esos que no están dominando, se alborotan por un imprevisto, el equilibrio que creíamos tener se pierde y se originan las crisis, estas que nos llevan a la evolución o a la toma de consciencia de que algo debe morir.
Toda crisis brinda la posibilidad de evolucionar y va más allá de un cliché, o de la frase de orador, cuando el caos nos obliga a dejar nuestros hábitos cristalizados, se activa un potencial insospechado. La capacidad de efectuar cambios necesarios varia, unos pueden convertir el plomo en oro y otros el oro en plomo.
“No puede ocurrirte nada malo; solo puede ocurrirte lo que forma de tu propio ser” cada experiencia es necesaria para nuestra evolución, y solo desde ese comprender podemos dominar nuestros demonios, nuestras crisis. El peligro es seguir aferrado a lo conocido, la oportunidad es abrirnos a lo desconocido, descubrir nuevos recursos e ingresar a una etapa de mayor madurez.
El dominar nuestros demonios ante la crisis nos obliga a salir de nuestra zona de confort a pedir ayuda, para desarrollar nuestra fortaleza y nuestra resiliencia.
Quizás la frase “No hay expansión de conciencia sin dolor” no está errada, aunque creo que la expansión también la podemos hacer por decisión.
Solo la confianza en nuestros recursos, la toma de consciencia y la solicitud de ayuda prudente, serán el puente para superar el caos.
La superación de la crisis requiere capacidad para la renuncia, cualidad prácticamente inexistente para el ego, que no soporta perder y que recurre a diversas estrategias para preservar el status quo.
Las crisis exigen sacrificio, palabra que significa convertir algo en sagrado y ofrendarlo. Sacrificarse y aceptar una perdida es diferente a la resignación, que deja un toque amargo.
La consciencia es capaz de logros inimaginables, y aunque muchas veces me he perdido y me he dejado dominar, por el caos, mis demonios y mis crisis, hoy me siento con ellos a tomar café, decidí ponerles nombres y los pintos de colores varios, aunque a veces solo lo hago con gris.
Ismael Mercado
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