«Nadie se baña dos veces en el mismo rio»
No te está frenando la falta de talento. Te está frenando algo más peligroso: tu incapacidad de decir “no sé” o “necesito ayuda”. Veo a hombres brillantes, ejecutivos y emprendedores escondidos detrás de títulos, agendas llenas y glorias pasadas para no enfrentar una verdad incómoda: sus herramientas viejas ya no alcanzan para la historia nueva que quieren escribir.
Eso es optimismo cruel: (La teórica cultural Lauren Berlant usó ese concepto para describir el apego a una fantasía que promete salvarte, pero en realidad te mantiene hundido.) creer que siempre puedes con todo solo. Suena a fortaleza, pero muchas veces es ego disfrazado. Nos vendieron que “si quieres, puedes”, que el verdadero líder resiste, resuelve y no se quiebra. Y así muchos confunden independencia con aislamiento. No fracasan por falta de capacidad, sino por aferrarse a una versión pasada de sí mismos.
Psicológicamente, esto se parece al sesgo de optimismo: sobreestimar lo bien que te irá y subestimar riesgos, tiempos, costos y desgaste emocional. También aparece el sesgo de confirmación: solo escuchas lo que alimenta tu narrativa de fuerza y evitas cualquier verdad que confronte tu ego. Por eso aceptas más de lo que puedes sostener, ignoras el cansancio, normalizas el insomnio y tapas el vacío con trabajo, café y productividad.
Lo más peligroso es que funciona… por un tiempo. Te da impulso, te hace sentir invencible, te mantiene avanzando incluso roto. Pero después cobra factura. No delegas, no corriges, no haces pausa, no buscas guía. Y lo que parecía disciplina termina siendo autoabandono.
Muchos no están saturados por falta de recursos, sino por su resistencia a dejarse ayudar. Porque pedir apoyo cuesta orgullo, control e imagen. Pero no pedirlo suele costar más: claridad, salud, relaciones y dirección.
La salida no es volverte pesimista. Es cambiar el optimismo cruel por una esperanza realista: creer en tu visión, pero con datos, límites, estrategia y apoyo.
Hazte esta pregunta hoy: ¿qué me está costando más caro en este momento: pedir ayuda o seguir fingiendo que no la necesito?
Porque reconocer un límite no te debilita. Te ubica. Y un hombre ubicado decide mejor, avanza mejor y deja de vivir atrapado en una versión caduca de sí mismo.
Ismael Mercado
Deja un comentario